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La realidad del empleo se esconde tras los datos de afiliación.

Cuatro millones de empleados están en ERTE. Su vuelta al trabajo dependerá de la velocidad de la recuperación

DATOS DE AFILIACIÓN DE ABRIL

¿Cuántos empleos ha destruido la economía española a consecuencia de la pandemia? La pregunta, hoy, no tiene respuesta. El mercado laboral está intervenido por el Estado, lo que ha permitido sostener las cifras de ocupación más allá de lo que apunta la contabilidad nacional. O expresado de otra forma, los expedientes de suspensión temporal de empleo impiden conocer la verdadera realidad del mercado de trabajo.

Lo que se sabe es que entre el 12 de marzo y el pasado 30 de abril, la Seguridad Social ha perdido 947.896 afiliados ocupados. Es decir, a un ritmo de algo más de 19.300 empleos al día. La cifra es impactante, pero, desgraciadamente, esconde una realidad no observable todavía, y que tiene que ver con el número de empleos ahora suspendidos (y por eso no aparecen en el registro de la Seguridad Social) que se perderán cuando el mercado laboral deje de estar intervenido por el SEPE a través de los mecanismos de protección de los trabajadores.

En particular, hostelería (-4,85%) y, construcción (-4,53%). Solo la industria manufacturera aguanta el tsunami laboral con una caída de la afiliación del 0,99% desde el mes de enero. Obviamente, debido a que muchos trabajadores están suspendidos de empleo. En total, y en el conjunto de la actividad económica, alrededor de cuatro millones de trabajadores se encuentran en ese limbo que supone no poder trabajar, sin que, al mismo tiempo, puedan considerarse desocupados a la luz de las estadísticas oficiales.

El hecho de que el empleo y el PIB evolucionen de una manera similar (el -4% en ambos casos) es toda una novedad en la economía española, toda vez que, históricamente, ha tenido un mercado laboral verdaderamente ciclotímico. Una enorme expansión en épocas de bonanza y fuerte depresión cuando las cosas se tuercen, sin duda por la elevada precariedad del mercado de trabajo, en el que más del 40% de los asalariados son temporales o parciales. La célebre dualidad del mercado laboral que hace que los ajustes siempre recaigan en los mismos colectivos.

Un cambio radical
Eso explica que en 2009, el peor año de la anterior crisis económica, el PIB se contrajera un 3,8%, pero, por el contrario, la Encuesta de Población Activa (EPA) mostrara un desplome del empleo equivalente al 6,1%. Es decir, muy por encima de la actividad económica.

¿Por qué ahora no sucede lo mismo? Precisamente, porque mientras hace casi una docena de años el ajuste se hizo por la vía de los despidos, en esta ocasión las empresas -alentadas por el Gobierno- están utilizando mayoritariamente la vía de los ERTE, que no suponen la rescisión de puestos de trabajo, sino, solo, su suspensión temporal. El limbo antes mencionado.

La clave ahora, desde el punto de vista del mercado laboral, será conocer, por lo tanto, qué significa en la economía española el concepto de ‘temporal’. O, expresado de otra forma, cuánto de ese empleo que ahora están en el purgatorio del SEPE se convertirá en permanente. Es decir, cuántos ERTE acabarán por convertirse en un ERE (Expediente de Regulación de Empleo).

Dependerá, obviamente, de la capacidad de recuperación de la economía. Si lo hace rápido, las empresas volverán a contar con las plantillas que hoy ‘trabajan’ para el SEPE, pero si la recesión se prolonga es probable que muchos de esos trabajadores no vuelvan nunca a la empresa. Evidentemente, porque muchas se hayan visto abocadas a declararse en concurso de acreedores y, en otros casos, porque el volumen de plantilla que necesitan para adecuarse a la ‘nueva normalidad’ es inferior al que tenían antes de la pandemia.

Y lo que ha estimado el Gobierno es que hasta 2022-23, España no recuperará los niveles de PIB previos a la pandemia. Será entonces cuando se verá si las suspensiones de empleo son temporales o, por el contrario, permanentes. Mientras tanto, las cifras de afiliación seguirán sin reflejar la verdadera situación del mercado laboral. Hoy, como se ha dicho, intervenido por el Estado, al contrario que en otras economías, donde se utilizan instrumentos diferentes, aunque puedan parecer idénticos.

El ‘kurzarbeit’ alemán, similar en otros países de su entorno, permite que los trabajadores repartan la carga de trabajo, pero durante ese tiempo los empleados nunca salen del ámbito de la empresa, que es retribuida por el Estado para que no haya despidos. Mientras que el modelo ERTE, que es el elegido por el Gobierno, sitúa a los trabajadores afectados en el ámbito del Estado, que se convierte, como sucede ahora, en el gran empleador. El tiempo dirá qué pasa con ellos.

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